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| Nacidoen Orica, Francisco Morazán en 1967. Vive en Tegucigalpa desdesu niñez, ahí reside hasta la fecha. Estudióletras y lenguas en la Universidad Pedagógica Nacional, carreraque abandonó para dedicarse por entero al trabajoartístico. Comenzó como actor secundario en el yadesaparecido Conjunto Teatral Rascanigua, donde compartió conimportantes artistas del teatro como Rafael Murillo Selva, Tito OchoaCamacho e Hispano Durón. Su retiro de la universidadcoincidió con la convocatoria de Certamen internacional deNovela convocado en 1992 por la Universidad Pedagógica. Con laobtención el primer premio con su novela “El Cruzador, Historiade un Héroe” César Indiano se catapultó como unmiembro inaplazable de la generación de escritores queaparecieron en los 90. Tres palabras definen la obra literaria de César Indiano,diversa, provocativa y certera. Aunque los académicos y loscríticos aun no llegan a un consenso definitivo sobre losvalores semiológicos, estilísticos y morales de su obra,los lectores de todo el país ya han dado su voto de confianza aun autor que se ha ido consolidando, despacio, en una auténticacarta de presentación para las nuevas letras hondureñas.Si podemos hablar en Honduras de un autor verdaderamente ubicado en laspreferencias de los públicos lectores y si buscados consinceridad un referente genuino de lo que podría ser un“escritor de cartelera” tendremos que referirnos obligadamente aCésar Indiano. Pero “su camino al estrellato” no ha sido ni fácil ni barato.Todo lo contrario. Debido a su personalidad conflictiva y suinsistencia casi enfermiza por mantenerse – él y su obra – en unbajo perfil publicitario (cumplido que los medios no se molestan enconceder), César Indiano sigue siendo el “secretoartístico” más consumido de las librerías y de lassalas teatrales pues ¡vaya sorpresas! En los últimosaños su creación teatral va de la mano con suprolífica labor literaria. Y a pesar de que los públicoshan “estigmatizado” su fama debido al “libro más odiado” detodos los tiempos, nos referimos a su afamada y no menos vilipendiada“Biblia del Asno”, también es verdad que la mayoría de lagente – tanto los que le aman como los que no le aman – desconocenotras facetas inquietantes de este escritor ¿o como llamarle?¿Dramaturgo? ¿Poeta? ¿Filósofo? osimplemente como a él le gusta ser llamado “peón de lapalabra”. | Esteinfatigable “peón de la palabra” ha conseguido labrarse unaimpresionante carrera de escritor en una sociedad poco hospitalariapara el éxito y poco receptiva para la crítica.Qué es lo que ha hecho Indiano ¿acaso ha dado con unafórmula mágica para escapar del destino común –que como una ley maldita – se cierne implacable sobre la mayoríade los habitantes de un país donde la trascendencia y el“triunfo sin aval” se consideran una osadía? Bueno, si así se le quiere llamar, la fórmula de Indianoha sido “el trabajo, más trabajo más trabajo” es decir,es casi imposible asociar a César Indiano con acciones y tareasque no lleven una intención oculta relacionada con susmaquinaciones literarias o estéticas. Quienes hemos conversado abiertamente con él ya en elámbito de la amistad o ya en el plano del trabajo, podemos darfe de esa impresionante facultad expresiva y reflexiva que es propia de“pensadores a tiempo completo”. Uno puede dar con este autor encualquier acera de la ciudad o hallarlo como parroquiano en cualquierestablecimiento donde él quepa como amigo o como cliente(frecuenta muy poco las tertulias intelectuales y no es muy dado a lasolemnidad intelectual) y en su trato siempre fraterno y en su actitudsiempre natural, de inmediato percibimos la fortaleza de un individuoatado sin fingimientos a un gran porvenir; y por si fuera poco,además de estar siempre de buen ánimo para lasconversaciones y las entrevistas, es admirado entre sus amigos por serun “gran escuchador”… ![]() | Menuda virtuden un país súper poblado de habladores imparablesque no prestan la guitarra ni para respirar. De momento el principal –y tal vez único – escrutinio valedero para calificar odescalificar laobra de Indiano, proviene de los públicos lectores (oespectadores,para quienes han visto y oído su teatro). Y en tanto lacríticaespecializada, ya por incomprensión, por indiferencia o pornegligencia, no pida la palabra ni lance la primera piedra, los simpleslectores seguiremos siendo la principal carta de presentación deunautor que por el momento es el preferido de un importante segmento dela población hondureña pero que no dudamos, mástemprano que tarde,tendrá que ser descubierto, disfrutado y querido por todo elpaís yoportunamente por el mundo entero, pues como dicen por ahí, atodolechoncito le llega su día. Pero mientras ese día llega, siempre veremos a CésarIndiano yendo y viniendo por las callejuelas y las avenidas deTegucigalpa, posiblemente cargando en persona sus cajas de libros parasurtir a sus libreros o haciéndole de chofer en su viejo Toyotamientras acarrea los pertrechos de su maquinaria teatral. En fin,hablar de Indiano no tiene fin, hoy día la simple menciónde su nombre da pie a infinidad de emociones, pláticas ydiscusiones y tanto los que le conocen a fondo como aquellos quesólo tienen una idea ligera o superficial de su trabajo,coinciden en que se trata de una de las personalidades creativasmás auténticas que tiene el país. En lo que respecta a su manera de escribir hay un acuerdounánime de que se trata de “un caso aparte”… Su estiloincalificable e “inclasificable” va desde una ironía supremahasta una ternura devastadora, transita desde un sarcasmo burlónhasta la densidad filosófica de un Schopenhauer y con la mismafacilidad que ingresa a los territorios poéticos y salevictorioso, asimismo entra a los portales anchos de la novela parasalir ufano y triunfador. Sus columnas de prensa, las cuales publicacon cierta frecuencia en “eltiempo.hn” o donde se lo permitan, seconsideran verdaderas joyas de crítica, humor y análisis.Como el propósito de este opúsculo es introducirnos alestudio de su obra, ofrecemos a continuación un apretadocatálogo de sus libros más comentados. Incluimos soportesgráficos y al final un anexo especial para entrar enconocimiento de “La Mandrágora”, su compañíateatral. |